Fui a ver a Paula, que por suerte estaba en casa.
—Por cierto, ¿qué pasó aquella vez que me llamaste en plena madrugada? Salía de una operación, estaba agotada y no pude devolverte la llamada. ¿Estabas enferma? —me preguntó con cierta curiosidad Paula al verme, recordando el incidente.
Me quité despreocupada los zapatos y caminé descalza sobre la alfombra.
—Amiga, si hubiera estado realmente enferma, a estas alturas ya sería cenizas.
Paula me rodeó los hombros con el brazo.
—¿Estás molesta?
—No,