—Pruébala —Sergio acercó su paleta a mi boca.
Instintiva giré la cabeza, pero él insistió, con esa actitud de que no se rendiría hasta que probara.
No tuve más remedio que dar un pequeño mordisco a su paleta. Era una mezcla de dulce y ácido, muy tradicional.
Para ser honesta, no estaba mala, pero prefería las mías con su sabor suave, dulce y frutal.
Pero ante la mirada expectante de Sergio, solo pude fingir que me encantaba y, con la boca llena, le murmuré: —Está buenísima.
—Quiero probar la tuy