—Sergio —me reí—, he sido muy clara. Ya que nuestros objetivos no coinciden, mejor lo dejamos así.
—Pero necesitas un novio, ¿no es así? —me preguntó.
—Sí, lo necesito, pero no puedo jugar con un soldado como tú. Buscaré mejor otra solución —mis palabras hicieron que su mirada se intensificara aún más.
Pensé que me detendría o cedería, pero sobreestimé mi influencia; no dijo nada en lo absoluto.
—Adiós, disculpa mi atrevimiento —dije antes de darme la vuelta, subir a mi auto y marcharme, sintien