Tomé sus palabras con una sonrisa y respondí:
—No me digas que la confundiste conmigo.
—Yo... —Carlos intentó hablar, pero lo interrumpí.
—Carlos, ahora que lo pienso, tampoco es que me hayas besado mucho, ¿no?
Su rostro se ensombreció por completo. Llevábamos más de tres años juntos y, si bien nos habíamos tomado de las manos y abrazado, casi nunca hubo besos apasionados entre nosotros. Cuando me besaba, solo lo hacía en la mano, la mejilla o la frente. Incluso cuando rozaba mis labios, era ape