Dylan colgó, suspiró y cuando dirigió su mirada hacia mí, su rostro se iluminó de nuevo con una sonrisa radiante.
—Siéntate, Sara —Dylan me hizo un ligero gesto.
Apenas me había sentado cuando él suspiró y dijo:
—Es muy difícil conseguir personal calificado estos días.
Como había alcanzado a escuchar parte de su conversación telefónica, le pregunté:
—¿Nos hace mucha falta personal técnico?
—Sí, bastante. Ayer uno de los ingenieros del departamento técnico presentó su renuncia. Ya teníamos escase