Tres semanas después de que nacieran los gemelos, Chloe estaba sentada junto a la ventana de su apartamento con un bebé durmiendo plácidamente contra su hombro mientras el otro descansaba en una pequeña cuna a su lado.
El sol de la tarde entraba a raudales en la habitación, calentando el piso de madera.
Un cuaderno estaba abierto sobre la mesa, pero esta vez no había bocetos de joyería.
Solo listas de cosas que estaba planeando.
Un suave golpe sonó en la puerta. —Soy yo, Chloe —dijo Zoe desde a