Una semana después.
Adele.
Las clases para convertirme en la mejor Luna de todas pasan día con día y se hacen cada vez más pesadas, con la matriarca mirando a cada rato sobre mi hombro, quien suele tener ese pequeño garrotillo, al cual detesto con todas mis fuerzas.
―Debes estar en buena forma, ser lo suficientemente atlética para que tu figura resalte sobre las demás mujeres de la manada―me dice, mientras estamos en el jardín, lugar en donde acabamos de recoger algunas hierbas para sus menjunj