70. Manzana del Edén
Luego de aquel encuentro desenfrenado y pasional, nos quedamos sentados sobre las piedras lisas que se encuentran en fondo del agua de las termas naturales. La calidez de las aguas nos envuelve, mientras la brisa nocturna acaricia nuestra piel desnuda. Dimitri me tiene abrazada desde atrás, sus brazos rodeando mi cintura con un gesto protector, mientras su barbilla reposa cómodamente sobre mi hombro. De vez en cuando, desliza su barba contra mi cuello, provocando pequeñas cosquillas que me hacen