SHANE
Entré en mi ático y me recibió el familiar aroma a cuero y madera pulida. En la puerta, Peter me esperaba, haciendo una leve reverencia. —Señor Lewis —dijo con voz tranquila pero atenta.
Asentí levemente y, sin decir palabra, me abrió la puerta. Entré, pensando ya en mi siguiente movimiento.
—Peter —dije, apoyándome un poco en el marco de la puerta—, prepara mi avión. Nos vamos de nuevo. Dirígete a Cárdenas.
Peter pareció algo sorprendido. —Señor… ¿volverá a estar con la señorita Marcella