El primer añito de Paula llegó. La mansión Montenegro se llenó de globos verdes, blancos y dorados. Las guirnaldas colgaban de cada árbol y rincón y el área de la piscina se convirtió en toda una fiesta. Cuando Sam llegó con su hija en brazos pestañeó varias veces. Sus padres habían tirado la casa por la ventana.
Ciertamente tuvo a la niña encima muy poco tiempo, Paula fue pasada de manos en manos. Pero la niña con esos ricitos rubios, sus ojitos azules y vestida con un vestido verde claro ll