Marcos abrazó fuertemente a su hija al escuchar la palabra que había dicho Alejandra. No podía creer que la persona causante de tantas desdichas en la familia Montenegro estuviera frente a ellos. Si tuviera otro brazo escondería a su mujer de la mirada de esa arpía. Pues aunque con esa cara ya conocería a su gatica dentro de unos años, la maldad que mostraban esos rasgos estaba muy lejos del amor y la ternura que vislumbraba en el rostro de su esposa día tras día.
Sam no atinaba a nada. Esta