— ¿Qué tal el vuelo Gin? —preguntó Sam en cuanto la sesión de abrazos concluyó.
—Lo estás preguntando con segundas cierto. Si no fueras porque no puedes vivir sin mí, me quedaría quietecita al otro lado del Océano Atlántico.
Sam soltó una carcajada que hizo que varios pasajeros se voltearan a mirarlas con curiosidad. Ambas formaban una estampa digna de contemplar. Una rubia, otra pelirroja. Una con los ojos del color de la miel, otra con dos gemas verdes como el más profundo de los bosques. Amb