—No soy celoso, gatica.
—Pues bájale una línea a la posesividad. No soy tuya, Marcos.
En cada palabra dicha se habían ido acercando poco a poco hasta casi estar a un metro de distancia. Marcos extendió el brazo y cogió a Sam de la cintura. La haló hacia él hasta que sus alientos se entremezclaron.
—Pero lo serás. Serás mía. Solo tienes que metértelo en la cabeza.
Sam había negado con la cabeza ante cada frase. Pero esa faceta de sinvergüenza empedernido le gustaba mucho. Marcos movía cosas e