Capítulo 21:

Eran cerca de las cuatro cuando Sam salió de la oficina con unos expedientes en los brazos, el bolso en el hombro y el móvil entre la cabeza y el cuello.

—No, nana. No quiero que te preocupes. Doy el aviso y me marcho. No pienso quedarme ahí más de quince minutos. Incluso le pediré al botones que me acompañe a su habitación.

La opaca luz que entraba por la salida del garaje mostraba un cielo colmado de nubes negras. Con un poco de suerte llegaría a su casa antes de que la tormenta azotara la
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