*—Layonel:
Sentía los ojos pesados y la lengua como lija. Layonel parpadeó, y un resplandor blanco le quemó la vista. Apenas intentó mover un brazo, un dolor punzante le recorrió cada músculo, como si cientos de agujas se clavaran en su piel. Al intentar respirar, el pecho se le tensó y un jadeo suave escapó de sus labios secos. Todo a su alrededor era confuso, sus pensamientos se deslizaban como arena entre sus dedos.
«¿Dónde...?», pensó, pero su propia voz sonaba extraña, ajena.
El silencio f