Al dejar la carretera bajó la velocidad, pero, me amenazó. Me indicó que no debía hacer escándalos o pedir ayuda, de lo contrario, me iba a ir muy mal. Mientras decía esto me mostró una pistola. Me di cuenta que mis miedos se estaban volviendo realidad. Y el terror que sentí se convirtió en una crisis de pánico fuerte. Apenas podía respirar mientras pensaba que iba a terminar asesinada por mi marido.
De mala forma, Cristian, me pidió que me calmara. Me pasó unos lentes oscuros para que nadie vie