Eli, seguía con el corazón a mil por hora, ver cómo la madre de su novio la trató, la dejó incrédula. Quería decírselo a él, pero no sabía, si el ruso, iba a creerla.
La señora, se apartó de ella y la americana, se alejó de esa mujer. Escucharon unos pasos, la joven se giró y vio al ruso caminar hacia ellas, con su rostro serio y con la mirada oscura. Eli tragó saliva y mordió su labio, hoy mismo se lo diría, si no la creería, ella se iba de esa casa. No iba a vivir bajo el mismo techo con esa