Ella lo tomó en sus manos y lo masturbó, luego metió su lengua en la garganta de él.
Su boca estaba cautelosa sobre la de él, sintiendo que se había extralimitado. Antonio no tenía tales reservas. Reclamó su boca sin dudar, bombeando urgentemente en su mano.
Podía odiar a la mujer por ser el constante recordatorio de la traición de María y, aun así, disfrutar follándola.
Nada más, sin embargo. No ablandarse ahora. Ella se iba a casar con Victor. Fin de la discusión. Lo que él hiciera con ella d