"Oh, lo será, porque tu pequeño coño se queda con papi. Eres mía hasta que yo diga lo contrario", la provocó él, mientras un sudor frío corría por la espalda de ella y seguían corriéndose juntos.
Antonio la dejó atrás, demasiado entumecida como para siquiera presentar pelea. Sabía que no volvería a cruzar esa puerta del dormitorio en mucho tiempo. Su palabra era definitiva. Ella solo observó su espalda mientras se retiraba, cubriéndose el cuerpo con las sábanas mientras la puerta se cerraba con