"Kelly, baja tu culo perezoso aquí y ayúdame a limpiar esta casa. ¡Tus abuelos llegarán mañana y todo tiene que estar perfecto!" La voz aguda y exhausta de Fanny resonó por las escaleras de su pintoresca casa suburbana de dos pisos.
Un Fred exasperado estaba en el pasillo, con la mandíbula apretada, la polla ya medio dura por días de rechazo.
¿Cuánto más jodidamente limpia tenía que estar la casa? Era domingo, por el amor de Dios. Los pisos ya estaban lo suficientemente limpios como para comer