Los sonidos de sexo brutal llenaban la habitación. Piel golpeando piel. Los gemidos rotos y putos de Fae. El húmedo chapoteo de dos pollas llenando ambos agujeros de ella al mismo tiempo. El deslizamiento resbaladizo del eje de Max cubierto con los jugos cremosos de Fae.
Espera, ¿qué?
No. Eso era imposible.
Los ojos de Polly debían estar jugándole una mala pasada.
—¿Qué puta opción tenía yo, Fae? Ibas a follarte a tu propio padre sin mí a mis espaldas. Otra vez. Al menos por fin estoy rompiendo