Las uñas de Lila arañaron su espalda, dejando arañazos rojos e irritados a su paso mientras intentaba arrancar de sí su amor por él.
“Al menos no soy una puta,” le respondió, con la voz quebrada. “Al menos entiendo la lealtad. He amado al mismo hombre durante tres jodidos años,” declaró, luego se detuvo en seco, demasiado orgullosa para decirle que era ese hombre.
Caleb vio rojo, asumiendo lo peor.
Puta estúpida.
Él la folló más profundo, más fuerte, rozando su clítoris con cada embestida bruta