GIANNA RICCI
Desperté con la cara contra el piso y las manos atadas a la espalda. Quise levantarme o por lo menos sentarme, cuando vi a Gianna en la pared de enfrente, despierta y mareada.
—Ya era hora… —arrastró la voz como si tuviera dolor de cabeza.
—¿Dónde estamos?
—No lo sé, pregúntale a tu papá.
Inspeccioné con la mirada alrededor, tratando de descifrar el lugar y entonces lo supe, era el edificio abandonado donde alguna vez trabajó cuando yo era niña. En ese momento nos encontrábamos en