EVELYN VALENCIA
Permanecí sentada frente al tocador, con un camisón y una bata de seda, le daba vueltas a todo lo que había ocurrido, cada vez me sentía más humillada y frustrada.
—¿Puedo pasar? —preguntó Christian después de tocar la puerta. Limpié las lágrimas lo más rápido que podía y me levanté del taburete.
—Sí, está bien…
Entró con una taza de chocolate caliente y un par de pastillas. ¿Por qué no había dejado que la servidumbre me lo trajera?
—¿Esa es tu pijama?
Agaché la mirada y no enc