LEONEL ARZÚA
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó Evelyn preocupada mientras me acomodaba el abrigo encima.
—No será necesario, quédate con Alma y descansa. Espero no tardar. —Antes de explotar en ira, tomé su rostro entre mis manos y la besé. Era reconfortante sentir sus labios, con los ojos cerrados, imaginándome que era esa mujer de piel canela que me atrajo desde un principio.
Salí de la casa iracundo, rechinando los dientes. Christian había prometido que cuidaría de Gianna mientras encontr