GIANNA RICCI
Sin perder la elegancia, Talah se plantó a mi lado, tomó mi rostro por la barbilla, me vio con atención y sin que me lo esperara, me dio una bofetada que me cimbró apoyándome sobre el tocador con ambas manos. La mejilla me hormigueaba mientras que ella veía su mano como midiendo los daños.
—Seré clara… Renzo no solo necesita una puta que lo satisfaga. No es difícil para un hombre como él conseguir una mujer en su cama cada noche, pero para mantener la empresa en sus manos, necesita