—Debes escucharme— agrega para que él acepte. Arthur mira la hora en su reloj de lujo y le dice: —Te veo en la cafetería que queda a dos cuadras de la empresa
—Ya salgo para allá— dijo emocionada, y Arthur cuelga la llamada. Él se dispone a llamar a su padre, quien tarda un poco en contestar, pero lo hace.
—Muchacho, ya sé que estás de regreso. Nos tenemos que ver
—Lo sé, padre. Es que necesito que me hagas un favor
—Por supuesto, ¿qué quieres mi réplica? —escucha la risa de su padre
—No soy tu