La malicia se despertó en su interior.
Arthur quería manejar, pero Lionel no se lo permitió, si fuera solo sí, pero está su esposa embarazada y Valentina, así que no se quiso arriesgar sabiendo que Arthur desahoga cualquier sentimiento al manejar a velocidad. El silencio es sepulcral y más Valentina, literalmente no sabía qué más decirle a Arthur.
Al llegar a la mansión, Arthur ni siquiera esperó a que Lionel estacionara el auto, sino que se bajó como un loco demente. —¡Espera, Arthur!— Lionel frena en seco, afortunadamente su veloc