La ira y los celos no dominan, pero más el dolor de ver cómo ella defiende a Matius sin importarle las circunstancias en las que se encuentran.—¡A un lado, Valentina!— ordena Arthur, aún forcejeando para soltarse del agarre de sus escoltas.—¡Ya basta! Mírate, pareces un demente. Quiero que te vayas de mi casa. ¡Largo!— le grita mientras lo mira con desprecio, uno que alimentó el rencor en Villarreal.—¿Estás segura de que prefieres quedarte con ese imbécil?—Vete...— agrega, y Arthur ejerce una f