—¿Qué quieres Tamara?— pregunta Mariela a la defensiva
—¡No seas metiche! Vengo a hablar con mi hija— en ese justo momento, Valentina toma el valor de mirar a su madre a los ojos —¿No me extrañas, hija?— sonríe y se acerca más
—¡No te acerques a Valentina!— Mariela odia con todo tu ser a Tamara
—¡Largo! Ella es mi hija y es con ella la que tengo que hablar
—¿Tú hija? Pues no pareciera, puesto que una madre no es una total mierda como tú
—por favor, no discutas, Mariela— le suplica Valentina