—¡Noooo!— Tamara no se rinde y corre detrás del auto mientras que los vecinos la observan
—por favor, rápido— súplica Valentina al mirar atrás y ver como su madre corre para alcanzarla. Erick acelera y Valentina fija su mirada al frente mientras llora sin parar como una pequeña niña. Después de tantos años se está alejando de su madre
Tamara siente tanto odió y desesperación, que de tanto correr el cansancio le ganó, poniéndola débil y perdiendo el equilibrio porque cae al suelo. —¡Maldita sea!