56. Una trampa al volante
El teléfono casi se le resbala a Elara de las manos, empapadas en sudor frío.
—¡¿Diga?! ¡¿Quién es?! ¡¿Dónde está Jaxon?! —gritó Elara histéricamente, mirando la pantalla de su teléfono.
Pero la llamada ya se había cortado. Solo se escuchaba el tono de desconexión, que parecía burlarse de su pánico.
La respiración de Elara se agitó. Jaxon está ocupado. Pero no te preocupes. Pronto te reunirás con él. La cruel risa de aquel anciano resonaba en sus oídos, helándole la sangre. El tío Marcus había