45. El escudo de espinas del Rey
Los pasos de Elara resonaron débilmente cuando entró en la cafetería principal de la facultad junto a Harper y Liam. El aire en aquella amplia sala se volvió denso de repente. Cientos de pares de ojos parecieron dejar de parpadear al unísono, girándose y clavándose en su figura.
Los murmullos afilados zumbaban como un enjambre de abejas hambrientas.
Elara respiró hondo, reprimiendo las náuseas en su estómago. Arrojó su bolso de lona sobre una mesa vacía en un rincón y se sentó con la espalda mu