44. Un rincón solitario y planes a futuro
Elara cerró la puerta de su habitación herméticamente, apoyando la espalda contra la fría madera de caoba. Su respiración aún era entrecortada. La farsa en el comedor había agotado su energía mucho más de lo que esperaba. Los insultos de Jaxon se sintieron tan reales, como si el hombre la odiara de verdad hasta la médula.
—Tienes que acostumbrarte, Elara —se susurró a sí misma, limpiándose los restos de lágrimas falsas de las mejillas—. Esto es por supervivencia.
Tomó su bolso de lona, metió un