43. El primer acto de la farsa
La mansión Thorne amaneció con un silencio asfixiante. La pálida luz del sol se filtraba a través de los gigantescos ventanales del comedor principal, iluminando las motas de polvo que danzaban en el aire.
Elara se sentaba muy erguida en su silla, removiendo sin interés la avena en su cuenco de porcelana. Aún sentía la espalda dolorida por el viaje en la motocicleta de Jaxon a través de la tormenta de anoche, y su corazón no había recuperado por completo su ritmo normal.
Tu principal tarea es o