42. La primera lección del demonio
El rudo contacto de la mano de Jaxon en la nuca de Elara se sintió como una descarga eléctrica. El cálido aliento del hombre, con aroma a menta y tabaco, acarició sus labios. La palabra mi Reina quedó suspendida en el aire, embriagando el sentido común de Elara en medio del bullicio del mercado nocturno.
Un segundo. Dos segundos.
Jaxon soltó bruscamente la nuca de Elara y se apartó. Carraspeó, disimulando una incomodidad que casi destrozaba los últimos vestigios de su cordura. Señaló con la bar