39. La sombra tras la puerta de caoba
Las agujas del reloj marcaban las ocho de la noche. El rugido de la lluvia al otro lado de la ventana no lograba ahogar los desbocados latidos del corazón de Elara.
No bajes a la planta de abajo.
El mensaje en el pequeño papel seguía resonando en su cabeza, pero sus pies se negaban a obedecer. Se quitó las zapatillas de estar por casa, permitiendo que sus plantas desnudas tocaran la gruesa alfombra para no hacer ni el más mínimo ruido. Conteniendo el aliento, abrió la puerta de su habitación y