40. Escapada bajo las luces de neón
La respiración agitada de Jaxon golpeaba el rostro de Elara. La mano del hombre aún sujetaba su mandíbula, pero su agarre ya no era doloroso, sino que la sujetaba para que no apartara la mirada.
En aquel oscuro pasillo del Ala Este, los ojos de obsidiana de Jaxon brillaban con una intensidad salvaje. El hombre parecía un monstruo al que acababan de hacerle ver que su prisionera se negaba a ser salvada.
—Realmente no sabes cómo salvar tu propia vida, Elara —siseó Jaxon; su voz era ronca y tembla