35. La Reina de Hielo y el regusto a fresa
Esa mañana, el ambiente en el comedor de la mansión Thorne se sentía diferente. No hubo platos rotos. No hubo gritos.
Elara removía su avena con nerviosismo. Al otro lado de la mesa, Jaxon bebía a sorbos su café negro. El hombre volvía a llevar su costoso traje, pero mantenía su mano derecha, la que sostenía la taza, deliberadamente oculta bajo la mesa, evitando la mirada de Richard.
De vez en cuando, los oscuros ojos de Jaxon se alzaban y se cruzaban con los de Elara. Ya no había destellos ase