102. Cortando el rastreador
El sonido de la lluvia al otro lado de la ventana de aquel estrecho apartamento resultaba ensordecedor. Los finos cristales temblaban con cada ráfaga de viento nocturno. El ambiente contrastaba enormemente con la insonorizada habitación de la mansión Thorne.
Elara dejó su pequeña maleta sobre el opaco suelo de madera. La habitación solo contaba con una cama de tamaño mediano, un armario con una puerta ligeramente torcida y un viejo tocador. El olor a polvo y aire viciado asaltó sus sentidos de