NO ENTIENDES NADA
CAMIL DE LA FUENTE
—Y fue más sencillo para ti pensar lo obvio— expresé mirándolo a los ojos con la voz rota.
Todo el cuerpo se me estremecía en temblores del nerviosismo. Él me miraba tratando de entender lo inentendible.
—Estabas en una cama con otro hombre Camil… en mi propia cama. En la casa de tu hija… la compré para la niña, no para que te revolcarás con ese hombre aprovechando mi ausencia… ¡Diablos! Lo pudiste haber hecho en el hospital…— dijo sin subir la voz, pero con