DIÁVOLO III. CAPÍTULO 34. Suficiente
DIÁVOLO III. CAPÍTULO 34. Suficiente
Cuando todos se retiraron a sus habitaciones, cuando los Viscontti se marcharon, la casa quedó en silencio por fin. Una brisa suave entraba por las ventanas abiertas del viñedo, trayendo el aroma de la tierra y el vino fermentado.
Aurelio esperó.
Esperó a que las luces se apagaran.
Esperó a que todo quedara en penumbra.
Y entonces se levantó de la cama y cruzó el pasillo en silencio, como un ladrón a punto de robar algo que sabía que no debía tocar.
Empujó l