Mundo ficciónIniciar sesiónDIÁVOLO II. CAPÍTULO 23. Una orden de la señora
—No hay nada que pueda impresionarme —aseguró el sastre y quizás era así, porque no hizo ni el más mínimo gesto de sorpresa cuando el primer guante salió, descubriendo la piel marcada por un sinfín de cicatrices.
El señor Rinaldi no dijo ni una sola palabra mientras tomaba la medida justa de cada dedo, pero fue extremadamente cuid







