CAPÍTULO 9. Una mujer aterrada
CAPÍTULO 9. Una mujer aterrada
—Bien —dijo Renzo satisfecho mientras acariciaba su cabeza—. Lo hiciste muy bien, pero ahora hay que dormir. Mañana nos reunimos con un cliente y tendremos días agitados por delante.
Y no se equivocaba.
Porque apenas lograron dormir cuatro o cinco horas antes de tener que salir de emergencia de la mansión. La cita se había adelantado a solicitud del cliente y Renzo se había dado cuenta de que más que “importante”, se trataba de algo “grave”.
Moon llevaba su nuevo