74.

CARRIE

Estoy sentada con las manos cruzadas sobre la mesa de metal, contando las grietas como si fueran venas abiertas. Una, dos, tres. El despacho es pequeño, sin ventanas, con ese olor a desinfectante barato que pretende parecer neutral y solo consigue recordarme que estoy encerrada. Mi abogado llega tarde. Siempre llega tarde. Eso ya me dice mucho de cómo me ven todos: un trámite, una molestia, algo que hay que manejar con cuidado pero sin verdadero interés.

Cuando entra, no me mira de inme
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