120.
CHRIS
Abro la puerta apenas escucho el timbre, y ni siquiera tengo tiempo de decir su nombre cuando mi madre se me viene encima como si el mundo se le estuviera cayendo a pedazos y yo fuera lo único firme que le queda. Sus brazos me rodean con fuerza, con desesperación, con ese tipo de amor que no pregunta ni explica nada, simplemente se aferra. Siento su cuerpo temblar, su respiración desordenada, y el sollozo que intenta contener se le escapa igual, como si llevara demasiado tiempo guardándo