LUCA MAGNANI
Me dolía la cabeza, la conversación con Carla me daba vueltas y aún no sabía cómo confrontar a Berenice. Llegué hasta mi departamento y al cerrar la puerta me recargué sobre ella e intenté respirar sin hiperventilar.
Había tanto silencio que pensé que Berenice ya se había ido. Me acerqué a la habitación con toda la iniciativa de pedirle disculpas por lo que había ocurrido en la noche y, por lo menos, ofrecerme a llevarla a su casa, claro, en el trayecto comprar una píldora de emer