LUCA MAGNANI
—¿Dónde carajos estás? —preguntó Eliot furioso a través del teléfono. Me encantaba como siempre guardaba sus sentimientos y se mantenía ecuánime y serio. Lo único que era capaz de expresar, por lo menos hacia mí, era odio y reproche.
—¿Preocupado por mí? —Aunque intentaba sonar juguetón como siempre, me sentía de la mierda. Había tomado todo un día para quitarme de la cabeza todas esas ideas autodestructivas. Mi corazón y mi cabeza se partían en dos y me empezaba asfixiar.
—Crist