CRISTINE FERRERA
Eliot y yo terminamos en la comisaría. ¡Odiaba que todos los policías solo le dieran información a él mientras yo caminaba de un lado a otro! A este paso haría un maldito surco en el piso.
—Los encontramos… —dijo uno de los policías. No terminó de hablar cuando yo ya estaba frente a él, exigiendo respuestas con la mirada.
—¿Dónde?
—En el centro comercial. Los están cuidando los guardias de seguridad —contestó el policía y antes de escuchar algo más, salí corriendo, pero las l