DEREK MAGNANI
—¿Qué carajos? —preguntó Luca asomándose entre los barrotes y tragando saliva—. Esto es más de lo que me esperaba.
Había aceptado que Luca me acompañara al hospital psiquiátrico, pero en el fondo sabía que era algo que yo tenía que hacer solo. Todo el sitio parecía abandonado, sin guardias ni doctores, para empeorar las cosas, parecía que cada enfermo había sido liberado, vagaban por los jardines como almas en pena, soltando risotadas esquizofrénicas, peleando entre ellos, llorand